Cuando sentimos algún dolor físico,
tendemos a buscar remedio rápidamente, tomando algún medicamento.
Tal
vez nos sintamos mejor cuando los síntomas se alivian, pero es posible que
reaparezcan al cabo de poco tiempo.
Molestias
simples como un dolor de cabeza, por ejemplo, puede ser la forma en que nuestro cuerpo nos está avisando de que
algo en nuestra forma de plantearnos nuestra vida no va bien. Tal vez
andamos muy estresados todo el tiempo, sin tiempo para saborear las cosas que hacemos,
o no cuidamos nuestra vida familiar, o no tenemos tiempo para estar con
nosotros mismos y cuidarnos.
En lugar de intentar eliminar la
molestia física de manera rápida, nos podríamos preguntar qué es lo que está
intentando decirnos nuestro cuerpo: ¿Qué emociones sentíamos cuando
empezó el dolor físico? ¿Cuál era nuestro estado de ánimo? Tal vez podremos
identificar alguna situación que haya dado lugar a que aparezca el síntoma.
Cuando
prestamos atención a nuestros síntomas intentando pensar qué los desencadenó y
como nos sentimos, nos daremos cuenta de la cantidad de pensamientos y
sentimientos que se mueven en nuestra mente continuamente. Tal vez el escuchar esos pensamientos y sentimientos nos ayudará a
entender algo de lo que nos está sucediendo y de donde surge nuestro malestar
físico.
Me comentaba una persona que había iniciado la práctica de la meditación que
empezó a entender con esa práctica cual era el origen de los dolores de cabeza
que había sufrido durante tiempo. No había escuchado su cuerpo, solo había
intentado aplacar los dolores con analgésicos. Poco después le detectaron una
ulcera de estomago. Vivía de forma muy estresante, exigiéndose cada vez más y esa era la causa de
que fuera teniendo síntomas físicos. Pero siguió sin cambiar
su estilo de vida hasta que tuvo un infarto leve, del que afortunadamente pudo recuperarse.
Empezó, entonces a replantearse las cosas de forma distinta y se dio cuenta de que
necesitaba reorientar su vida.
Escuché,
en otra oportunidad, a otra persona que me contaba que años atrás tuvo tres
infartos en poco tiempo. Resultaba sorprendente que dijera que era lo mejor que
le había pasado en su vida “tener tres infartos consecutivos y sobrevivir a
ellos” explicó. Según comentaba, después de esa experiencia, tuvo que replantearse seriamente
las cosas. Dejó la vida estresante que llevaba y empezó a vivir a otro ritmo, escuchándose
más a sí mismo. Empezó a valorar las
cosas que tenia y los pequeños placeres de la vida.
Estos serian dos ejemplos de cómo nuestro cuerpo nos avisa de que no nos estamos tratando bien a nosotros
mismos y que la vida estresante que llevamos nos acabará pasando factura.





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