Hay personas que tienen el hábito de verlo todo de color negativo.
No solo el presente, sino también hechos
sucedidos en el pasado más o menos reciente. A veces recuerdan cosas que les
sucedieron en la infancia, otras veces recuerdan como les trató el dependiente
de la tienda esa mañana y así sucesivamente. No necesariamente piensan en grandes traumas o en grandes problemas,
cualquier cosa, por pequeña que pudiera parecer, les ocupa la mente. Van rumiando pensamientos negativos todo el
tiempo, sin darse cuenta de que eso les desgasta y les consume.
Ese hábito de pensamiento empobrece su creatividad, les impide pensar cosas nuevas, ideas que les ayuden a resolver algún problema y sobre todo les impide disfrutar de la vida y de todo lo bueno y positivo que hay a su alrededor.
Se ha comprobado
que a lo largo del día miles de pensamientos se cruzan por la mente. Pero también
se ha comprobado que el noventa y cinco por ciento de esos pensamientos suelen repetirse.
Es decir que hay un pequeño porcentaje de pensamientos novedosos que se nos ocurren
cada día.
Es posible
incrementar el porcentaje de pensamientos novedosos y de pensamientos creativos
si cambiamos nuestros hábitos de pensamiento.
Uno de los hábitos que debiéramos fomentar es la capacidad de aceptar nuestro
pasado, aceptar las cosas tal como son y ver las
experiencias que hayamos vivido como una fuente de experiencia y aprendizaje.
Esas experiencias vividas, sean las que sean, nos ayudan a crecer.
Para cambiar cualquier hábito es necesario ser perseverante y darse un
tiempo para conseguirlo, pero el resultado que podemos obtener
si conseguimos ver las cosas desde el punto de vista positivo nos reportará
grandes beneficios personales.
Nos va a permitir
querernos más a nosotros mismos y también poder querer más a los demás.
Nos vamos a
sentir liberados de las grandes cargas negativas con lo cual nos vamos a sentir más enérgicos y más
entusiastas y sobre todo con mayor armonía interior.





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