Características que tienen en común las personas que están satisfechas
de su suerte:
En general son personas que tienen un buen concepto de
sí mismas: sea cual sea su aspecto físico
se comportan con naturalidad sin acomplejarse de ninguna manera por ninguno de
sus rasgos físicos.
La actitud de las personas que
se sienten afortunadas es de optimismo: ven
salida a todas las dificultades con las que se puedan encontrar. No dejan que
las dificultades que van encontrándose en su vida les hundan.
Tienen una actitud abierta hacia las personas que les rodean y eso les
ayuda a establecer buenas relaciones con los
demás. Es más probable entonces que encuentren ayuda en las otras personas ante
circunstancias difíciles. Es una actitud que les puede ayudar a encontrar trabajo,
por ejemplo.
También son personas que saben empatizar con los demás.
Eso quiere decir que saben ponerse en la piel de los otros y sentir las emociones
que pueden afectar a las otras personas, ante las circunstancias que sean. Saben acompañar a los otros en los sentimientos que expresan, de
la manera adecuada.
Las personas afortunadas son personas que reaccionan ante las
situaciones que viven: no esperan que los problemas se resuelvan
por si solos, sino que generan sus situaciones para que el resultado de lo que ellos
desean les sea más favorable.
Una cualidad importante de las personas afortunadas es su perseverancia.
Cuando desean algo luchan por conseguirlo y mantienen su actitud de esfuerzo a
lo largo del tiempo que sea necesario.
Si fomentáramos
en nosotros cada uno de esos rasgos probablemente nos sentiríamos más afortunados.
También estaríamos más cerca de conseguir realizar nuestros proyectos.
Se trataría de poder modificar algunas de nuestras actitudes a lo
largo de nuestra vida cotidiana. ¿Nos hemos preguntado, por ejemplo, con qué actitud vamos por la vida? ¿Sonreímos con frecuencia?
Se ha observado
que esbozar una sonrisa cambia la sensación interna de nosotros con nosotros
mismos y también la relación que
mantenemos con los demás. Nos sentimos más felices cuando sonreímos aunque no
haya cambiado nada de nuestra realidad. El simple hecho de sonreír ya nos hace
sentir mejor.
Además la
persona que sonríe es más probable que reciba más sonrisas de los demás que la persona
que va por la calle con una expresión seria, amargada o de enfado.
También es importante cuidar las frases de nuestro dialogo interior:
las frases que nos decimos a nosotros mismos.
Esas frases
que nos decimos nosotros mismo debieran
ser frases positivas que nos
animaran a mejorar en aquello que deseamos conseguir. Si nos las repitiéramos varias veces cada día
nuestro cerebro las aceptaría como ciertas y nos sentiríamos realmente mejor. Eso
nos ayudaría a emprender algunos proyectos con mayor confianza, iniciándose
entonces un ciclo benéfico.



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