dimarts, 5 de juliol del 2016

NO SE ES FELIZ POR CASUALIDAD



A veces pensamos que hay personas que son afortunadas por casualidad. En realidad, se trataría de saber que han hecho esas personas por sí mismas para construir “su buena suerte “.


Características que tienen en común las personas que están satisfechas de su suerte:
En general son personas que tienen un buen concepto de sí mismas: sea  cual sea su aspecto físico se comportan con naturalidad sin acomplejarse de ninguna manera por ninguno de sus rasgos físicos.

La actitud  de las personas que se sienten afortunadas es de optimismo: ven salida a todas las dificultades con las que se puedan encontrar. No dejan que las dificultades que van encontrándose en su vida les hundan.



Tienen una actitud abierta hacia las personas que les rodean y eso les ayuda a establecer buenas relaciones con los  demás. Es más probable entonces  que encuentren ayuda en las otras personas ante circunstancias difíciles. Es una actitud que les puede ayudar a encontrar trabajo, por ejemplo.

También son personas que saben empatizar con los demás. Eso quiere decir que saben ponerse en la piel de los otros y sentir las emociones que pueden afectar a las otras personas, ante las circunstancias que sean. Saben acompañar a los otros en los sentimientos que expresan, de la manera adecuada.

Las personas afortunadas son personas que reaccionan ante las situaciones que viven: no esperan que los problemas se resuelvan por si solos, sino que generan sus situaciones para que el resultado de lo que ellos desean les sea más favorable.



Una cualidad importante de las personas afortunadas es su perseverancia. Cuando desean algo luchan por conseguirlo y mantienen su actitud de esfuerzo a lo largo del tiempo que sea necesario.

Si fomentáramos en nosotros cada uno de esos rasgos probablemente nos sentiríamos más afortunados. También estaríamos más cerca de conseguir realizar nuestros proyectos.

Se trataría de poder modificar algunas de nuestras actitudes a lo largo de nuestra vida cotidiana.

¿Nos hemos preguntado, por ejemplo, con qué actitud vamos por la vida? ¿Sonreímos con frecuencia?

Se ha observado que esbozar una sonrisa cambia la  sensación interna de nosotros con nosotros mismos y también  la relación que mantenemos con los demás. Nos sentimos más felices cuando sonreímos aunque no haya cambiado nada de nuestra realidad. El simple hecho de sonreír ya nos hace sentir mejor.



Además la persona que sonríe es más probable que reciba más sonrisas de los demás que la persona que va por la calle con una expresión seria, amargada o de enfado.

También es  importante cuidar  las frases de nuestro dialogo interior: las frases que nos decimos a nosotros mismos.

Esas frases que nos decimos nosotros mismo debieran ser frases positivas que nos animaran a mejorar en aquello que deseamos conseguir. Si  nos las repitiéramos varias veces cada día nuestro cerebro las aceptaría como ciertas y nos sentiríamos realmente mejor. Eso nos ayudaría a emprender algunos proyectos con mayor confianza, iniciándose entonces un ciclo benéfico.




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