La
felicidad no consiste en tener más dinero sino en vivir la vida con plenitud. Si podemos definir cuáles
son nuestros objetivos y ponemos los medios para conseguirlos estaremos más próximos
a vivir el día a día sintiéndonos bien con nosotros mismos.
Es importante no olvidar que formamos parte de un colectivo social.
Tenemos a nuestra familia, nuestros amigos y las personas con las que nos encontramos
a lo largo del día, sea en nuestro
trabajo o en cualquier otro lugar donde vayamos. Tener una relación cordial y con todo este entorno nos ayudará a
sentirnos más felices. Si nuestra actitud hacia las demás
personas es de tenerlas en cuenta y de querer ayudarlas sentiremos que nuestra
vida es más plena. Se trataría de ser capaces de pensar más en qué podemos aportar
nosotros a los demás y no tanto qué podemos obtener de los demás. Cada día sería conveniente que pudiéramos revisar,
en algún momento, que hemos hecho durante el día para ayudar a alguien.
Los padres
que tienen hijos a menudo, sin darse cuenta, priorizan su vida profesional o personal y
dejan para más adelante el poder
disfrutar de sus hijos. No se dan cuenta que pronto ya no podrán recuperar
todas las vivencias de la vida con sus hijos porque estos ya se hicieron mayores
y ya tienen una vida independiente. También sucede a menudo que no cuidamos a nuestra pareja porque posponemos los buenos
momentos con la pareja para cuando tengamos “tiempo libre” y la relación de pareja
se resiente.
Cada día deberíamos
reservar un tiempo para estas relaciones afectivas con las personas más
próximas
porque si no las cuidamos, podemos perder esas vivencias y no podremos
recuperarlas. Se trataría de escucharles, de dedicarles palabras de elogio o de
cariño, pequeñas muestras de afecto sin motivo aparente, una llamada telefónica
a una persona amiga que tal vez necesite conversar con alguien. Todo esto es lo
que hace que la vida pueda tener más sentido para nosotros porque nos sentimos formando
parte de un colectivo.
Vivir el día
a día disfrutando a diario de los pequeños placeres que nos aporta la vida
especialmente a través de la relación con las personas de nuestro entorno nos
hará sentirnos más felices.
La
felicidad no es la meta sino el camino que recorremos a lo
largo de nuestra vida disfrutando de las vivencias que podamos compartir con
los demás y con nosotros mismos al realizar nuestros objetivos.
Una actitud
de agradecimiento y reconocimiento hacia las cosas que tenemos y hacia las
personas que nos rodean nos ayudará a valorar más las cosas que poseemos y a
sentirnos a nosotros mismos más valiosos, eso mejorará nuestra autoestima.




Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada