Con frecuencia pensamos que ser feliz depende
de tener más dinero, más cosas o más relaciones sociales. Pero no es así. Ser
feliz depende en gran medida de como organizamos nuestra mente. También de
como utilizamos los recursos que poseemos.
Nuestra mente funciona con unas leyes que
a menudo desconocemos. Una de estas leyes es modificar la información que nos llega de forma automática, sin que
nosotros seamos conscientes de ello.
Si estamos atentos a esto podemos llegar
a detectar el momento en que nuestra mente modifica la información que le llega
del exterior e impedir que lo haga.
Ayudarnos a reforzar nuestras
posibilidades de controlar nuestra mente es una de las metas que se plantea
actualmente en psicoterapia y también en las prácticas budistas.
Las personas que practican meditación que
es una forma de observación de nuestro mundo interior, pueden ser más
conscientes de como, en cuanto llega un estimulo del exterior a nuestra mente,
esta lo modifica y produce una reacción que no siempre es la que corresponde al
estimulo que nos llegó.
Si no somos conscientes de ello nos
moveremos por impulsos, no por actos reflexionados. Esa reacción impulsiva nos
puede llevar a desear cosas que no siempre nos convienen.
El deseo surge a menudo de
intereses ajenos a nosotros: por ejemplo mensajes publicitarios o informaciones
que nos llegan a través de personas que velan por sus intereses y no por los
nuestros.
Actuar
impulsivamente y buscar satisfacer deseos
de forma irreflexiva, nos lleva a un estado de entusiasmo. Cuando el
entusiasmo decae, el sufrimiento y la frustración tienen una intensidad mayor
que el placer obtenido. Si recibimos un nuevo estimulo desde el exterior,
volverá a repetirse esa reacción de entusiamo y nuevamente
sucederá un episodio de frustración. En esa cadena de acción- reacción-
frustración se encuentra la génesis de muchas dependencias, por ejemplo, dependencias alimentarias, compras
compulsivas, dependencias sentimentales, ludopatías, o dependencias de
sustancias diversas y así un largo etcétera.
Otro
aspecto que surge del funcionamiento automático de reprogramación de información
por el que se rige nuestra mente, es el pensamiento negativo. En cuanto entra
una información en nuestra mente, esta la transforma en un pensamiento
negativo. Aunque no queramos estar
tristes, muchos de los condicionamientos personales de nuestra historia hacen
que nuestra mente tenga este funcionamiento. Acabamos, entonces, teniendo pensamientos
negativos que nos ponen tristes y nos hacen ver, a menudo, el lado pesimista de
la vida.
En
cuanto ese pensamiento está en nuestra mente ya tendemos a tomarlo como cierto
y va a ser difícil cambiarlo. Para conseguirlo puede ser necesario recurrir a
la ayuda de un buen psicoterapeuta que nos ayude a modificar ese tipo de
pensamiento negativo.
Ser
conscientes de cómo funciona nuestra mente nos ayudará a impedir que ese
pensamiento negativo y la búsqueda compulsiva de satisfacciones frustrantes invadan
nuestra mente progresivamente.




Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada