En la
actualidad nos encontramos sometidos a múltiples estímulos que nos hacen desear
cosas que realmente no necesitamos. A veces nos refugiamos en placeres que
finalmente nos acaban causando dolor. Entender porque a veces deseamos o
hacemos cosas que no nos convienen puede sernos útil para evitar vernos en situaciones difíciles.
Cuando
deseamos algo sea de tipo material, emocional o social, se producen cambios en
nuestro cerebro. De forma inmediata el deseo lo sentimos como sufrimiento y el
conseguir aquello que deseamos lo sentimos como placer.
Podríamos
definir tres formas de resolver el deseo:
Conseguir aquello que deseamos
Buscar un placer sustitutorioConseguir aquello que deseamos
Aplacar el deseo sin satisfacerlo
La segunda situación, buscar un placer sustitutorio, surge cuando no nos sentimos capaces de conseguir aquello que verdaderamente deseamos. Buscamos entonces algo que nos satisfaga de una manera más básica. Tal vez nos vayamos de compras o nos refugiemos en la comida o en el alcohol o tengamos cualquier otro tipo de conductas compulsivas.
Esta manera
de intentar resolver el deseo, nos va a generar sufrimiento. Nos vamos a sentir
peor que antes porque en realidad no hemos satisfecho el deseo que teníamos.
Esta forma errónea de intentar satisfacer el deseo, está en la base de muchas adicciones.
Al no satisfacerse el deseo real se busca una y otra vez refugio en alguna
situación o sustancia que finalmente nos puede atrapar y de la que es difícil salir.
Será necesario buscar, cada vez, sensaciones más fuertes para conseguir el placer.
Esos estímulos
son también una forma de evadirnos de la realidad. Esa necesidad de evasión
surge cuando, al no satisfacerse los deseos reales que nos aportarían placer,
surgen el estrés y los sentimientos de impotencia.
La tercera forma de intentar resolver el deseo, reprimiéndolo,
sería una forma de intentar aplacar el deseo sin satisfacerlo, lo cual lleva a
una situación de insatisfacción que acabará perturbando
el estado de ánimo y la relación con las personas del entorno. Optar por esta
tercera forma de satisfacer el deseo es como fingir que no deseamos. En el
fondo la persona queda insatisfecha.
La
persona insatisfecha puede disimular de diferentes formas su insatisfacción buscando aspectos negativos a aquello que
deseaba “en realidad no me gustaba”, “así vivo más tranquilo”. De esta forma
se va limitando en su desarrollo personal. Tal vez dejará de lado situaciones
laborales que podrían haber sido interesantes, o relaciones sentimentales, posiblemente
satisfactorias, o cualquier otra situación que pudiera aportarle confort y satisfacción.
Esa aparente
indiferencia, al no satisfacer los deseos, genera estados de ánimo de frustración que dan lugar a sentimientos de
rabia o bien a situaciones de apatía: la persona se siente desanimada pero con
un fondo de amargura y de resentimiento. A veces la persona “no quiere ver”, que es lo que le está pasando
realmente porque su orgullo se puede sentir herido si descubre que está
adoptando una actitud errónea.
La única forma de poder sentir bienestar interior y serenidad seria identificando cuales son nuestros deseos reales y no solo materiales, para poder encontrar la forma de realizarlos. No siempre será posible realizar nuestros deseos. Necesitaríamos entonces poder desarrollar la capacidad de aceptar que nuestro deseo no pudo realizarse para poder valorar lo que si pudimos conseguir.





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