dimecres, 11 de gener del 2017

PORQUE A VECES DESEAMOS COSAS QUE NO NOS CONVIENEN


En la actualidad nos encontramos sometidos a múltiples estímulos que nos hacen desear cosas que realmente no necesitamos. A veces nos refugiamos en placeres que finalmente nos acaban causando dolor. Entender porque a veces deseamos o hacemos cosas que no nos convienen puede sernos útil para evitar vernos en situaciones difíciles.

Cuando deseamos algo sea de tipo material, emocional o social, se producen cambios en nuestro cerebro. De forma inmediata el deseo lo sentimos como sufrimiento y el conseguir aquello que deseamos lo sentimos como placer.

Podríamos definir tres formas de resolver el deseo:
Conseguir aquello que deseamos
 Buscar un placer sustitutorio

Aplacar el deseo sin satisfacerlo


La primera forma, conseguir aquello que deseamos, seria la manera más apropiada para resolver la situación de deseo. Es natural desear cosas o plantearnos objetivos. Cuando deseamos algo y lo conseguimos aparece una sensación de felicidad. Especialmente cuando son objetivos o cosas realistas y reflexionadas.

La segunda situación, buscar un placer sustitutorio, surge cuando no nos sentimos capaces de conseguir aquello que verdaderamente deseamos. Buscamos entonces algo que nos satisfaga de una manera más básica. Tal vez nos vayamos de compras o nos refugiemos en la comida o en el alcohol o tengamos cualquier otro tipo de conductas compulsivas.



Esta manera de intentar resolver el deseo, nos va a generar sufrimiento. Nos vamos a sentir peor que antes porque en realidad no hemos satisfecho el deseo que teníamos. Esta forma errónea de intentar satisfacer el deseo, está en la base de muchas adicciones. Al no satisfacerse el deseo real se busca una y otra vez refugio en alguna situación o sustancia que finalmente nos puede atrapar y de la que es difícil salir. Será necesario buscar, cada vez, sensaciones más fuertes para conseguir el placer.
Esos estímulos son también una forma de evadirnos de la realidad. Esa necesidad de evasión surge cuando, al no satisfacerse los deseos reales que nos aportarían placer, surgen el estrés y los sentimientos de impotencia.




La tercera forma de intentar resolver el deseo, reprimiéndolo, sería una forma de intentar aplacar el deseo sin satisfacerlo, lo cual lleva a una situación de insatisfacción que acabará perturbando el estado de ánimo y la relación con las personas del entorno. Optar por esta tercera forma de satisfacer el deseo es como fingir que no deseamos. En el fondo la persona queda insatisfecha.  
La persona insatisfecha puede disimular de diferentes formas su insatisfacción  buscando aspectos negativos a aquello que deseaba “en realidad no me gustaba”, “así vivo más tranquilo”. De esta forma se va limitando en su desarrollo personal. Tal vez dejará de lado situaciones laborales que podrían haber sido interesantes, o relaciones sentimentales, posiblemente satisfactorias, o cualquier otra situación que pudiera aportarle confort y satisfacción.



Esa aparente indiferencia, al no satisfacer los deseos, genera estados de ánimo de  frustración que dan lugar a sentimientos de rabia o bien a situaciones de apatía: la persona se siente desanimada pero con un fondo de amargura y de resentimiento. A veces la persona “no quiere ver”, que es lo que le está pasando realmente porque su orgullo se puede sentir herido si descubre que está adoptando una actitud errónea.


La única forma de poder sentir bienestar interior y serenidad seria identificando cuales son nuestros deseos reales  y no solo materiales, para poder encontrar la forma de realizarlos. No siempre será  posible realizar nuestros deseos. Necesitaríamos entonces poder desarrollar la capacidad de aceptar que nuestro deseo no pudo realizarse para poder valorar lo que si pudimos conseguir.



   

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