En nuestra vida
cotidiana tenemos motivos para sentir
estrés. Algunos motivos son crónicos y otros son ocasionales. Algunas
veces podemos predecir cuándo se va a producir una situación estresante y en otros momentos estas aparecerán de
forma impredecible.
Nuestro cuerpo
reacciona ante los estímulos estresores con reacciones de alarma más o menos
intensas en un intento de poder
defenderse de lo que sentimos como una amenaza.
Tenemos mecanismos
automáticos que, a veces, nos hacen reaccionar a los estímulos del exterior con
mayor estrés del que realmente sería lógico.
También las ideas y
los sentimientos negativos actúan como elementos que nos generan estrés.
En gran medida, nuestro estrés surge también de la
preocupación que tenemos acerca de cómo nos ven los demás especialmente si
sentimos que nuestro estatus social está siendo amenazado de alguna manera.
Cuando la amenaza
desaparece nuestros pensamientos se calman. De lo contrario seguimos pensando en
lo que podría haber pasado y nuestros
pensamientos nos sumen nuevamente en una situación de estrés que no se puede
resolver. Esto sucede con especial gravedad en las situaciones traumáticas.
Si se prolonga el estado de estrés, sentiremos cada vez mayor tensión muscular, especialmente en
la espalda o en la mandíbula, se puede alterar nuestro ritmo cardíaco,
sintiendo entonces taquicardias o se pueden producir arritmias y así una larga lista de síntomas somáticos que pueden surgir a raíz del estrés, según cual sea el punto más frágil de nuestro organismo. Todo esto
sucede cuando nuestro cuerpo está en
estado de alerta permanente, preparado para enfrentarse a algún peligro,
supuesto o real.
Ser conscientes de
lo que nos está sucediendo nos ayudará a reaccionar de manera más adecuada.
Esto requiere ser capaces de cultivar nuestra capacidad de reflexión para tener
mayor resiliencia ante las situaciones estresantes.
En ocasiones puede
ser necesario solicitar ayuda a algún psicólogo, especialmente cuando se han
sufrido situaciones traumáticas.
En la medida que
podamos manejar mejor nuestro estrés podremos pensar con claridad y recuperar
nuestra capacidad de nuestra capacidad de reaccionar de forma inteligente ante
los estímulos estresores.
Ser capaces de reaccionar ante las situaciones sociales nos ayudará a sentirnos mejor. Lo que no podemos hacer es reprimir las sensaciones nocivas y hacer ver que no pasa nada.
Ser capaces de
pararnos a pensar, es fundamental. A ello nos ayudará hacer ejercicio regularmente, practicar yoga o
meditación, hablar con personas de nuestra confianza y cultivar aficiones. Poder tener una actitud de mayor perspectiva antes las situaciones
que nos hacen sentir estresados es fundamental para que el estrés no nos domine de forma permanente.




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