Cuando
hablamos de lenguaje corporal nos referimos a miradas, gestos, postura del cuerpo,
movimientos de las manos, como andamos, nos referimos incluso al tono y volumen
de nuestra voz.
Hay gestos que son
innatos a la especie humana y que se repiten en diferentes culturas. En cambio
otros gestos varían según la cultura. Por ejemplo cuando una persona triunfa en
algo tiende a estirar los brazos hacia arriba, en forma de V, expandiéndose.
Cuando una persona fracasa en algo o sufre un dolor o una perdida, se encoge. Esos gestos son universales los hacemos todos los seres humanos.
Se han hecho estudios en personas con ceguera congénita y se ha observado que también siguen estas pautas gestuales, aunque nunca las hayan visto. En cambio hay otras pautas gestuales que varían de una cultura a otro como puede ser el uso de la mirada o la postura corporal en el momento de conversar con otra persona.
A través del modo
de andar, se manifiesta como se siente la persona consigo misma. Una persona
que se siente satisfecha de sí misma y que tiene un estado de ánimo expansivo,
mueve más los brazos al andar, los pasos son más largos. También mantiene la
cabeza y los hombros más altos.Una persona que se sienta menos poderosa andará
con pasos más cortos, sin mover apenas los brazos. En este caso sería como si el cuerpo se encogiera, como si la
persona necesitara protegerse del mundo exterior.
En la manera de
hablar también se expresa como nos sentimos. Si nos sentimos seguros de
nosotros mismos, la tendencia es hablar
de una manera pausada, tomándonos nuestro tiempo, manteniendo la mirada de
nuestro interlocutor. En cambio, cuando nos sentimos inseguros o amenazados,
hablamos con un tono de voz más alto y nos aceleramos al hablar.
Según como nos
sintamos y según como gesticulemos también variará la relación que
establezcamos con nuestro entorno social. Hay gestos que por ser muy expansivos
pueden generar tensión en una reunión social al ser percibidos como muy
dominantes o presuntuosos. Mirar muy fijamente a los ojos a otra persona puede ser
percibido como una actitud retadora.
Mantener una
postura menos expansiva puede favorecer que se establezca una relación de más
confianza y mejor comunicación con el entorno.





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