Se han hecho estudios acerca de los factores que influyen para que una pareja sea feliz. En estas investigaciones se tenía en cuenta muchos factores personales, familiares y demográficos.
Sorprendentemente se llegó a la conclusión de que ninguno de estos
factores era determinante para que la relación de la pareja fuera buena o mala.
Independientemente de la edad, de si tenían hijos o no, del nivel socio-cultural
o económico de ambos, la relación entre
ambos miembros de la pareja podía ser feliz
o no.
En estas investigaciones se llegó a
verificar que el factor que más influía en la
calidad de la relación entre las dos personas de la pareja, era la actitud de
cada uno de ellos hacia el otro y hacia sí mismo. Sin embargo, los
investigadores tuvieron que reconocer que incluso en el tema de las actitudes había
que matizar mucho más.
La actitud
de cada una de las dos personas de la pareja puede oscilar entre la actitud de
sumisión, de exigencia, de dependencia o de desapego. Cada una de estas actitudes
condiciona un abanico de sentimientos y de comportamientos en la relación del
individuo con el entorno y especialmente con las personas más próximas.
Una persona con tendencia a la sumisión tenderá a querer complacer a las demás, a
eludir las situaciones conflictivas, se derrumbará a la mínima crítica y
tenderá a sentirse culpable si algo va mal.
Una persona con tendencia a ser exigente tenderá a esperar que el otro le satisfaga
en todos sus deseos y manifestará su enfado si esto no se cumple.
Aunque pudiéramos pensar que una
persona sumisa y una persona exigente pudieran ser complementarias, en la práctica,
al cabo de poco tiempo surgirían problemas.
Lo mismo sucedería con las otras dos
actitudes definidas por los investigadores: la actitud de dependencia y la
actitud de desapego.
En
la actitud de dependencia
destacan el miedo a ser rechazado por el otro, la necesidad de recibir elogios
con frecuencia y el esperar que el otro sepa siempre como hacernos felices.
En la actitud de desapego, destaca la necesidad de ser siempre perfecto, dificultad
para aceptar los errores propios y ajenos.
La persona con actitud de desapego tiende a ser reservada en cuanto a
sus sentimientos y sus pensamientos.
Los
investigadores hallaron otro factor determinante en la calidad de la relación
de pareja y es el manejo de la culpa. Las personas que tendían
a culpar al otro de todo lo que sucedía tendían a sentirse más infelices y a
tener más dificultades para mejorar la calidad de la relación. Las personas que
tendían a autoinculparse de los problemas, se sentían bloqueadas y desanimadas,
corriendo el riesgo de caer en una depresión. Es decir, no ayuda a salir de una situación conflictiva culpar al otro pero
tampoco ayuda la tendencia a autoinculparse.
Se halló que el esquema mental que ayuda a resolver las situaciones de conflicto en
la relación de pareja es la
responsabilidad personal: esta sería una actitud de respeto y escucha de lo que
el otro nos transmite y en el momento en
que surge un problema, intentar aprender de la situación para resolver el
conflicto.



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