Hay momentos de la vida en las que disponemos de mucho tiempo libre
y no sabemos qué hacer con él. Esto sucede cuando:
1) estamos enfermos
2) envejecemos
3) estamos solos
4) nos sentimos frágiles
Son situaciones en las que el
exceso de tiempo libre puede hacer surgir en
nosotros sentimientos de desanimo, de desesperanza o de vacío. Los pensamientos
negativos probablemente aparecerán en nuestra mente y corremos el riesgo de sentirnos irritables,
desesperanzados o resentidos. Probablemente nos aislaremos más del mundo
exterior, con lo cual el sentimiento de soledad será más intenso. Se ha
comprobado que la soledad es un importante factor de riesgo de enfermedad.
Me parece interesante comentar aquí una parte de la entrevista a
una escritora que aparecía hace unos días en la prensa. En la entrevista, ella
explicaba que a los 8 años sufrió una encefalitis que le hizo perder el control
motor de su cuerpo, con lo cual no podía usar ni las manos ni las piernas. Paso
6 meses ingresada en un hospital y cuando salió del hospital pasó un año más en
cama sin poder moverse. “Pero no estaba aburrida y no era infeliz”. Explica que
esa fue una experiencia transformadora para ella, estar inmóvil todo el tiempo
la hacía tener que entretenerse con sus propios pensamientos, también se fijaba
en los pequeños detalles de los objetos: como estos cambiaban con el efecto de
la luz del día y de la noche. Una de las conclusiones a las que llega después
de esta experiencia es que “el
aburrimiento es bueno, aunque la sociedad actual lo rechaza, el aburrimiento
nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos”. Otra conclusión a la que
llegó con el tiempo es “que vale la pena celebrar la vida mientras la tengamos“.
Aunque nuestra situación no sea tan extrema como la que acabamos
de describir, podemos aprovechar la experiencia que nos aporta esta persona,
para darnos cuenta de la importancia del
no hacer.
No hacer nos
ayuda a ver y dejar ir el vaivén de nuestros pensamientos.
No hacer nos
ayuda a conectar con nosotros mismos y conectar con nuestro entorno.
Tener tiempo
nos permite no hacer y conectar con nosotros mismos. Este no
hacer nos ayudará a superar el sufrimiento y la ansiedad, mantendremos a raya
los pensamientos negativos y probablemente podremos conectar mejor con las
personas de nuestro entorno



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